Amparada en el monte Can Magi. Cuando miramos la bahía de Tossa de Mar, cuesta imaginar que estas aguas tranquilas fueron durante siglos un escenario de miedo e incertidumbre. El Mediterráneo no solo acercaba barcos de pesca y mercancías; también podía convertirse en la ruta de llegada de piratas y corsarios que buscaban sorprender a los pequeños pueblos de la costa.
En ese contexto nació la importancia de la Torre dels Moros. Situada en una posición elevada, su función era mucho más sencilla y al mismo tiempo vital: observar. Sus vigilantes tenían la misión de detectar cualquier embarcación sospechosa antes de que alcanzara la orilla y avisar a la población del peligro.
La amenaza no era únicamente un ataque directo. Los desembarcos rápidos podían provocar saqueos, capturas y miedo entre los habitantes que vivían cerca del mar. Por eso, las torres de vigilancia repartidas por el litoral formaban una cadena de protección basada en señales y comunicación.

La Torre dels Moros representa aquella época en la que la costa debía estar preparada para defenderse en cualquier momento. Sus piedras no cuentan una gran batalla, sino una historia más silenciosa: la de hombres y mujeres que miraban al horizonte esperando descubrir si el próximo barco traía comercio, noticias… o peligro.
Hoy la torre permanece como un recuerdo de una Tossa diferente, una villa marinera que aprendió a convivir con la belleza y la amenaza del mismo mar.

