CALA DE SA TUNA

La Cala de Sa Tuna, situada en Begur, es una de las calas más emblemáticas de la Costa Brava. Su origen pesquero aún se percibe en las barcas varadas y en las casas blancas junto al mar, que conservan el encanto de antaño.


La pequeña cala de Begur donde el tiempo parece haberse detenido

Hay lugares de la Costa Brava que parecen diseñados para una postal. Sa Tuna es uno de ellos, pero su encanto no está solamente en el color del agua o en sus casas blancas frente al mar.

Lo especial de esta pequeña cala de Begur es que todavía conserva algo difícil de encontrar en otros puntos del litoral: una conexión con la vida marinera que existía antes de que la Costa Brava se convirtiera en uno de los destinos más buscados del Mediterráneo.

Cuando bajas hacia Sa Tuna, el paisaje cambia poco a poco. Los pinos dejan ver el mar, la carretera se acerca a la costa y aparece una pequeña bahía protegida donde las antiguas casas de pescadores parecen apoyarse sobre las rocas.

Aquí el Mediterráneo no parece una frontera, sino el centro de todo.

Una cala nacida mirando al mar

Durante generaciones, Sa Tuna fue un lugar ligado a la pesca y a la vida diaria de sus habitantes.

Las barcas pequeñas, las redes y los caminos junto al acantilado formaban parte de la rutina. No era un lugar pensado para visitantes, sino un refugio donde las familias vivían pendientes del estado del mar.

Hoy algunas cosas han cambiado, pero todavía quedan señales de ese pasado: las construcciones junto a la playa, los pequeños rincones entre casas y esa sensación de pueblo marinero que todavía permanece.


El lado desconocido de Sa Tuna

La historia de esta costa no siempre fue tranquila.

Durante siglos, los pueblos del litoral tuvieron que convivir con la posibilidad de ataques desde el mar. Piratas y corsarios recorrieron estas aguas, y las calas escondidas de la Costa Brava formaban parte de un paisaje donde la vigilancia era necesaria.

Puedes descubrir esta parte menos conocida en nuestro artículo:

Piratas y corsarios en Sa Tuna: cuando el peligro llegaba desde el Mediterráneo


Caminando por el camino de ronda

Uno de los mejores recuerdos que puedes llevarte de Sa Tuna no está en la playa, sino en el sendero que bordea la costa.

El camino de ronda permite ver la cala desde otra perspectiva: las casas quedan pequeñas detrás, aparecen rocas modeladas por el viento y el mar se abre en diferentes tonos de azul.

El tramo hacia Aiguafreda es uno de esos paseos donde no hace falta buscar un mirador concreto porque prácticamente todo el camino lo es.


Sa Tuna fuera de temporada

Quizá cuando más se entiende Sa Tuna es fuera del verano.

En primavera, cuando los caminos están verdes y la costa todavía está tranquila, o en otoño, cuando vuelve el silencio, es cuando aparece la verdadera personalidad del lugar.

Sin multitudes, la cala recupera esa atmósfera de pequeño refugio mediterráneo.


Descubrir Sa Tuna más allá de la foto

Sa Tuna no es solamente una cala bonita para bañarse.

Es un lugar donde se mezclan naturaleza, memoria marinera y pequeñas historias escondidas entre sus caminos.

Y quizás ese sea su mayor atractivo: que después de hacer la foto, todavía queda una historia por descubrir.


→ Piratas y corsarios en Sa Tuna
→ El pasado marinero de Begur
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→ Las calas menos conocidas de la Costa Brava


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